viernes, 30 de mayo de 2008


Tal día como hoy de hace 756 falleció Fernando III el Santo.

Aquí yace el muy honrado Rey Don Fernando, señor de Castilla y de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia y de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, el más verdadero, el más franco, el más esforzado, el más apuesto, el más granado, el más sufrido, el más humilde, el que más temió a Dios, el que más le sirvió, el que derrotó y destruyó a sus enemigos, el que elevó y honró a sus amigos, el que conquistó la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda España.




Fernando III nació cerca de Zamora, es el rey que unifica definitivamente los reinos de Castilla y León (que hasta entonces se habías unido y separado varias veces) y el que da uno de los impulsos más importantes a la Reconquista, ocupando entre 1236 y 1248 todo el valle del Guadalquivir, incluidas las importantes plazas de Jaén, Córdoba y Sevilla.

La toma de Sevilla fue una larga campaña militar, salpicada por episodios legendarios (se cuenta que Fernando III tuvo una visión de la Virgen anunciándole la toma de Sevilla; que en cierta ocasión se introdujo sólo y disfrazado en la ciudad para estudiar sus defensas desde dentro; o que, por hacer cosido con sus manos un estandarte con la imagen de la Virgen que una flecha enemiga había roto, el gremio de sastres le recibió como maestro). Al final, el 23 de noviembre de 1248, el último caudillo musulmán de Sevilla, Abul Hasan (Llamado Atafax en las crónicas cristianas), entregó a Fernando III las llaves de la Sevilla.

A partir de entonces, y hasta su muerte cuatro años después, el rey don Fernando reorganizó y cristianizó la ciudad. Le concedió el Fuero de Toledo, fundó conventos y parroquias y realizó el repartimiento de las casas y tierras entre sus caballeros.

Fernando III muere en el Alcàzar de Sevilla en 1252, y es enterrado en la vieja mezquita mayor, ya convertida en Catedral.

La ciudad siempre veneró la memoria del rey Fernando, considerado el refundador cristiano de Sevilla, en cuya figura se aunaban el guerrero, el legislador y el hombre de fe. Esa veneración llegó a su máximo a partir de la canonización del rey en el siglo XVII. Desde entonces, en San Fernando, la ciudad tuvo no sólo un símbolo, sino un santo patrón y protector.

SU HUELLA EN LA CIUDAD.

El viejo Alcázar árabe (del que hoy quedan pocos vestigios) fue el lugar en que residió San Fernando desde la conquista, y el sitio en que falleció.

Para cristianizar la ciudad, San Fernando, tras la conquista, fundó parroquias y conventos, se modo que al Santo Rey se le atribuye la fundación de los templos antiguos de la ciudad (algunos con más fundamento que otros). Entre otros, fundación fernandina parecen ser el monasterio de San Clemente (en honor del Santo del día de la conquista) el antiguo convento de la Merced (hoy Museo de Bellas Artes) o el convento dominico de San Pablo (hoy parroquia de la Magdalena).

La imagen de San Fernando siempre ha sido un símbolo de la ciudad. El Pendón de Sevilla, del siglo XV es un paño carmesí con la imagen bordada del Santo Rey sobre un trono. En el escudo de la ciudad está también representado San Fernando, flanqueado por San Isidoro y San Leandro, por lo que su imagen aparece en edificios públicos, membretes oficiales, mobiliario urbano, etc.

En la Plaza Nueva, frente al Ayuntamiento, se alza una estatua ecuestre de Fernando III. Su imagen aparece también por la ciudad, en relieves, azulejos, retablos o pinturas.


Heredó el gobierno de León de manos de su padre, Alfonso IX, y consiguió el mandato sobre Castilla por cesión de su madre, doña Berenguela.

Fernando reside en León, hasta la anulación del matrimonio de sus padres. En ese momento Berenguela lo llama a Castilla y le entrega el mando sobre el reino. Durante los primeros años de su gobierno combate la revuelta nobiliaria encabezada por la casa Lara, y la invasión leonesa encabezada por su propio padre Alfonso IX.

La inteligente diplomacia de Berenguela, el carácter conciliador de Fernando y el clima de optimismo, generado por la victoria sobre los musulmanes en las Navas de Tolosa (1212) suavizan las reservas iniciales que su llegada al trono había suscitado entre los castellanos. El reino de León es cedido por Alfonso IX a Sancha y Dulce, hijas de un matrimonio anterior. Fernando y Berenguela logran en 1230 que Dulce y Sancha renuncien al trono, a cambio de un pago anual de 30.000 maravedíes. Berenguela desempeña un rol consultor activo en el reinado de Fernando.

Una vez resueltas las divisiones internas castellanas, Fernando contrae matrimonio el 30 de noviembre de 1219 con Beatriz de Suabia, nieta del emperador alemán Federico I Barbarroja, y une de este modo, la casa de Castilla con los principales representantes del partido gibelino. Tres días más tarde es ordenado caballero en el monasterio de las Huelgas. El camino está expedito para relanzar las labores de conquista de los territorios musulmanes, aprovechando el clima de euforia desatado por la victoria de las Navas y la debilidad del poder árabe peninsular.

En 1224, la Curia de Carrión decide adjudicar todos los recursos necesarios para la lucha contra los musulmanes, iniciándose un período de numerosas e importantes conquistas militares. Así, en 1236 se toma Córdoba, una conquista que va más allá de lo puramente militar por el carácter simbólico de la antigua capital del califato. La situación de prosperidad económica que vive el reino posibilita el lanzamiento de constantes campañas militares, con lo que las conquistas se suceden. Caen sucesivamente Chillón, Almodóvar, Lucena, Aguilar, Écija, Osuna y Estepa. En 1243 toma Murcia; en 1245 conquista Jaén.

Tras un asedio de dos años, el 23 de noviembre de 1248 es tomada la ciudad de Sevilla, lo que supone el punto álgido del poderío militar y económico del monarca castellano-leonés. La conquista de Sevilla, auténtica joya del poder musulmán, requerirá por vez primera de un ataque marítimo y de un auténtico despliegue de medios técnicos y materiales. Así, se prepara una flota en el Cantábrico que asolará la ciudad a las órdenes del almirante Ramón Bonifaz, evitando además la llegada de auxilio desde el exterior.

Tras conquistar buena parte del sur peninsular, la preocupación de Fernando III será ahora asegurar el control sobre los territorios conquistados y organizar y estructurar, bajo el patrón del asentamiento castellano, tanto los recursos como el espacio anexionados. Para lograr cumplimentar este doble objetivo, se dispone a organizar un ataque contra el norte de África y establece un sistema de reparto entre caballeros y peones cristianos, de las tierras y bienes tomados a los musulmanes. La preocupación de Fernando es asegurar la subsistencia de los nuevos pobladores.

Casado en segundas nupcias con doña Juana, hija del conde de Ponthieu, de sus dos matrimonios nacen trece hijos. Fernando III mandó traducir al castellano el "Liber Iudiciorum", conocido como "Fuero Juzgo", y durante su reinado se erigieron las catedrales de Burgos en 1221 y Toledo en 1226. Ya en sus tiempos, su mandato fue considerado modélico, pues logró restringir de manera notable el dominio musulmán en la península Ibérica y establecer medidas políticas y económicas que mejoraron las condiciones de vida de sus súbditos. La muerte le sorprendió el 30 de mayo de 1252, mientras preparaba una expedición contra el norte de África.

Al final de su reinado ostentaba los títulos de Rey de Castilla, Toledo, León, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia y Jaén.

Publicado por Leonard777 @ 18:17  | Cultura
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Comentarios
Publicado por Invitado
miércoles, 17 de diciembre de 2008 | 15:11
Éste es el padre de Andalucía, no el masón y filomusulmán de Blas Infante.
Publicado por Invitado
sábado, 12 de septiembre de 2009 | 2:34
Honor y Gloria