La cuestión no está en si Soraya Sáenz de Santamaría, o Cayetana Álvarez de Toledo, por mencionar las dos guapas jóvenes sobradamente preparadas y más conocidas del grupo The Supremes elegido para acompañar en sus bolos al Gran Mariachi, podrán arrancar entusiasmos y ovaciones en el Congreso. Ni su edad: SM El Rey tenía los mismos 36 años cuando accedió a la Jefatura del Estado y lo hizo razonablemente bien. El problema de este Parto de los Montes, es lo que trasluce de la reflexión que el líder ha hecho con su mutismo en estos veinte días desde que perdió las elecciones. Analicemos cuatro frases de Rajoy al presentar su equipo que desvelan sus conclusiones:
1) "Si yo creyera que mi persona hubiera sido un obstáculo que dificultó el triunfo del Partido Popular en estas elecciones, yo no me presentaría a la Presidencia del partido". Que no lo cree es evidente, ya que se ha encastillado en su grupo personal. Y eleva a infinito el axioma de que la cercanía al líder y no a las bases ni a la democracia interna, ni siquiera la cercanía a las diferentes regiones, es lo que garantiza el bastón de mando. Ni una línea de autocrítica, ni en las palabras, ni en los nombramientos.
2) “Hay que mantener el partido unido. La mayor responsabilidad en esta materia la tienen, como es natural, quienes ocupan posiciones políticas más importantes”. Los niveles de movilización de la militancia del PP durante la pasada legislatura fueron enormes y un caso único en la historia del partido. Sobre todo por la injusticia que pensaban se había cometido con los Acebes, Zaplana, Loyola y Ana de Palacio, Mayor Oreja, Rato, Esperanza Aguirre, el mismo Aznar, personas cuyas apariciones en público en los últimos años han sido seguidas con entusiasmo por unas bases seguras de la valía y entrega personal al servicio de España de todas ellas. En los foros del partido siempre se comparaba esa alineación con la de Pepino Blanco, tan escasa en formación e ideas, tan sectaria y radicalizada. Los extraordinarios Ignacio Astarloa, Gustavo de Arístegui, Aleix Vida Quadras, Ana Pastor, María San Gil, Pío García Escudero, y la flamante adquisición de Manuel Pizarro, entre otros muchos de notable bagaje político, fortalecían no solo la cohesión interna del partido sino la seguridad de contar con un proyecto de envergadura por el que merecía batirse el cobre desde las bases. ¿De verdad es lo mismo con estos nuevos nombres?: Fátima Báñez, José Luis Ayllón, Arturo García Tizón, Celso Delgado, Alfonso Alonso, Jesús Merino, Francisco Villar y Teófilo de Luis. Con estas designaciones hay una parte importantísima del partido que ha estado movilizado, es más, que hizo la transición, que se la lleva jugando por España, Sr. Rajoy, que se ha quedado sin referentes. Y se siente preterida.
3) "No se ganan adhesiones por vía de sustitución, sino por vía de afiliación", "Pero lo vamos a hacer sin hacer piruetas". Que se quiere incorporar a los jóvenes, está claro. Lo que no está claro es que Soraya o Cayetana sirvan de banderín de enganche. Porque se ha puesto el acento en hacer una buena oposición parlamentaria. Y el Parlamento lo seguimos los mayores. Y además, ¿de dónde se sacan que la oposición parlamentaria no fue buena en la pasada legislatura? Rajoy fue quizá el mejor orador que ha pisado las Cortes desde que existen. Ante un cordón sanitario feroz, con el Frente Anti-Popular cerrando filas, y con todas las trampas imaginables, la verdadera y única oposición se hizo en el Parlamento, tan bien hecha que los del PP han sumado ochocientos mil votos nuevos y han ganado en 11 de 17 CCAA. El problema no era el Parlamento, sino los medios de comunicación. Que el mensaje llegue a los jóvenes no se consigue con caras jóvenes y bien plantás. Se consigue dando la batalla en los medios, en las plataformas ciudadanas, y en internet.
4) "Creo que estamos en una situación infinitamente mejor que en el año 2004. (Será para el PSOE, que lo tiene a huevo) Hoy las cosas son muy distintas"… Pues verá, entonces el Partido vivió una oleada de nuevas afiliaciones. Ahora no se da, sino que comienza a darse el fenómeno inverso, la desafección.
Nuestro Mariachi no tiene carisma personal, eso lo sabíamos. Siempre dijimos que importaba poco, que no queríamos personalismos sino programa. Que los líderes carismáticos, a los que hay que reverenciar, son contrarios a la democracia y al liberalismo que propugnamos. Que los totalitarios empiezan por la fotofija del líder en su bunker con los suyos. Que la partitocracia se come la nación de hombres libres e iguales que defendemos. Pero usted se fue al Caribe, se trajo su aparato al completo, y nos ha dicho que estas son sus lentejas que las tomas o las dejas. ¡Qué hambre vamos a pasar…!