Que el Presidente del PSOE y de la Junta de Andalucía, Don Manolón, no ha movido un meñique para defender los intereses de los andaluces fuera del territorio donde plantó sus reales y los de su amplia “famiglia” el día que, a regañadientes, tuvo que dejar de ser Ministro de Trabajo de Don Felipón, no es una noticia. Tampoco los defiende dentro. Ahora bien, que tenga el morro de plantear el paro y la emigración –cuando no el exilio político, que está al caer- como horizonte político cara a las elecciones, es algo novedoso. En su programa electoral quiere incluir que los andaluces estudien gallego, catalán y euskera, para que puedan seguir emigrando a buscar trabajo en las comunidades “ricas” de siempre, dos de las cuales, por ende, están gobernadas por su partido en coalición con los ultrarradicales nazisocialistas. Que en Cataluña no nos quieran y lleven dos décadas echando andaluces con cajas destempladas –aquello de Jordi Pujol afirmando la debilidad mental congénita de los nacidos Despeñaperros abajo- y prefiriendo bereberes, no le conmueve lo más mínimo. No hizo planes para el retorno de los emigrantes, como se plantearon en otras comunidades. Y los que han podido, han ido regresando por su cuenta, malvendiendo a veces el fruto de media vida de trabajo y humillaciones por la República del Maresme. Pero a sus hijos les promete una oleada de emigración ulterior, que no hay receta franquista a la que no se apunte el Zeñorito.
Defender el español como lengua vertebradora, oficial y patrimonial, debe parecerle una idea poco progre. ¡Anda ya, si el español tiene 600 años: una antigualla!
Lo moderno es estudiar Galeusca, el esperanto nazisocialista. Que estemos a la cola de cualquier parámetro comparativo, en empleo, en estudios, en preparación, en investigación y desarrollo, en implantación de empresas, en inversiones, en balanza comercial, todo eso es pecata minuta comparado con la receta mágica de estudiar galeusca para encontrar empleo donde siempre, como mano de obra barata, como carne de cañón para que los zeñoritos de su ralea sigan administrando el latifundio de nuestras entretelas. Y chachi piruli.
Eso sí, vamos a ser políglotas que no veas. Nos ha prometido educación bilingüe en inglés, un concierto para estudiar francés -de la France, aunque nos llevamos mejor con Senegal, Chad, y otras repúblicas exóticas del área francófona- y ahora una inmersión en Galeusca, sin olvidar que el nuevo Estatuto engendro de Andalucía concede al “andalú” categoría de lengua vernácula. Y alguno habrá que estudie español. En tiempos, el mejor idioma hablado en toda la península, el que contenía más acepciones, el más rico, el que más poetas y autores universales ha dado, era el español que se hablaba en Andalucía.
Claro que el idioma le importa un buen montón de esas acepciones que no vamos a pronunciar por respeto a los votantes de su partido, que los niños y los tontos nos merecen toda consideración. Por cierto, que nos ha llegado una historieta de esas divertidas- quizá un rumor, jua jua- de su jefe de filas, alias Mr. Z.
Van y le dicen que se está pasando de radicalidad, con eso de apoyar las trituradoras de niños, las sedaciones para el otro barrio de los abuelos, el ataque a la Madre Iglesia, el ensañamiento con las víctimas del terrorismo, y demás perlas. Y Mr. Z contesta tan pancho: “Que va, hombre. ¡Necesitamos movilizar a los más tontos de este país!...” Se refiere a España, que tampoco la menciona en la intimidad.
¿El otrora Ministro de Trabajo, Don Manolón, va a volver a poner en funcionamiento –en la era del AVE- el Tren Transmiseriano? Así llamaban a la triste línea ferroviaria que recorriendo Andalucía se llevaba al ganado humano del sur, para el matavidas del norte. Y cuando no había ni tren, a los autocares de la emigración interior.
¿Y si estos “tontos” lo mandamos a él al paro, y a estudiar un poquito, el Galeusca o lo que le pete, con el resto de su “famiglia”? Es una sugerencia para el 9 de Marzo.
Háganlo por sus hijos andaluces, esos que hablan la lengua más rica en acepciones del universo: el español.