El partido socialista se ha apresurado a culpabilizar a “exaltados y provocadores” del PP –cómo no, oiga, ¿los enviaría el mismo Aznar?- de los “incidentes” ocurridos en la ofrenda floral en el callejón donde diez años antes fueran asesinados Alberto y Ascen. Menos mal que todos hemos podido ver el vídeo que recoge un comportamiento tan espontáneo, como que el alcalde sea increpado por una ciudadana no conforme con su gestión en cualquier sentido. ¿No le va en el sueldo que los ciudadanos le planten cara? ¿No encuentra el primer edil ninguna autocrítica que hacerse? La autocrítica era en tiempos una práctica asentada en la izquierda, que ha sido sustituida por eso de que la culpa siempre es de otro. Porque es que el alcalde de Sevilla fue increpado, sí, pero después de vetar a la hermana de Jiménez Becerril en ese acto, no esperar a los hijos del matrimonio asesinado para comenzar el homenaje y excluir mención alguna a ETA en la esquela oficial. La mujer del alcalde, ella sí muy exaltada, se encaró con los vecinos que su marido dice representar.
Todavía no ha pedido perdón Monteseirín por lo del minusválido de la mani de su ciudad, a la que no acudió. Ni por negarle la palabra a Teresa en los Premios “Ascensión por la Paz” de la Fundación que lleva el nombre de Alberto. Ni por tener las puertas del Ayuntamiento cerradas durante la concentración por los guardias civiles asesinados en Francia. Ni por la contramanifestación que intentó boicotear la repulsa ciudadana tras la bomba de la T-4, ni en general, por su bochornoso comportamiento respecto a las víctimas en cada ocasión que se le ha puesto por delante.
Nosotros le recomendamos a Monteseirín, a su señora esposa y a toda la patulea de pelotas jaleadores, una frase de un sevillano de izquierdas bien diferente, Antonio Machado: “Peor que ver la realidad negra, es no verla”.
Estos han sido los años más duros de las victimas del terrorismo, todas ellas lo reconocen. Lo peor: tener que salir a la calle para pedir que un asesino en serie, con veinticinco “ejecutados” a sus espaldas y que brindó alborozado por el dolor de los hijos de Alberto y Ascen, volviera a la cárcel y no fuera considerado interlocutor de ninguna mesa de negociación en nombre de una prostituida palabra Paz.
Asistir a la batasunización de toda España, que ha convertido a las victimas en sospechosas o equiparables a los criminales, por negarse a tragar el vaso de veneno que el ejecutivo les puso delante con el objetivo de despejar el camino de su proyecto totalitario y excluyente. Y una prueba de eso, es precisamente que ayer en las calles de Sevilla, muy distantes de San Sebastián, se les llamase “basura” a personas de la calidad humana de Mª Mar Blanco, Teresa Jiménez Becerril, Consuelo Ordóñez o José Antonio Ortega Lara.
“Nos han intentado silenciar y se han encontrado con un movimiento cívico de resistencia sin parangón en la historia de Europa. Paradójicamente le debemos eso a ZP, nuestra unidad, el habernos convertido en una familia que ahora sustituye a la que nos arrebató el fanatismo y han logrado sacar lo mejor de nosotros mismos”, me dijo Mª Jesús González -caminando lo indecible desde el callejón del horror, que no hay quien salga del centro y menos si con una sola pierna has de sortear las vías del tren que crucifican nuestra Catedral-. Y luego hablamos de que la TVE1 había hecho meses atrás un reportaje sobre el equipo olímpico español de esquí adaptado, en el que destaca su hija Irene Villa, y en el que no se la mencionaba por su nombre. Que hay que esconder a las víctimas de ETA en los medios públicos en vez de fortalecer a la sociedad civil para que se sienta libre frente a los que quieren imponer sus tesis con el terror.
Y en lugar de hablar de cumplimiento íntegro de penas, de que es imprescindible el pacto político entre los principales partidos contra el terrorismo, de que siempre nos vamos a revelar contra el olvido y la impunidad, hoy vuelven a la matraca con la “bicha Alcaraz”. Que si no se le pueden decir las cosas a Monteseirín, aún menos a ZP. Nos los dijo Mapi, viuda del socialista Fernando Mugica: “Lo que Zapatero no ha entendido es que desde el momento en que una persona se sienta a dialogar con quien lleva pistola, le da la razón para llevarla. A Zp no le creíamos, no le creemos y es un presidente carente de toda credibilidad. Él sólo ha escupido odio contra las victimas y ha reconocido que nos ha mentido, no solo a nosotras, las victimas, sino a todos los españoles”
Los que sí nos sentimos solidarios con Alcaraz, Mapi o con Teresa, tenemos ahora la oportunidad de ver el último IV Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, que está colgado íntegro en la red: http://www.uspceu.es/congresovictimas
En ese Congreso se reclamó que el Tribunal Penal Internacional incluya los delitos de terrorismo, para que no prescriban y no puedan ser amnistiados por gobiernos que se beneficien de ellos para alcanzar el poder. Ahí oiremos y veremos la realidad negra de las víctimas, que estos no quieren entender. Intervenciones memorables. Nosotros queremos destacar una, la de Cristina Cuesta (COVITE): “Somos victimas de delitos contra la humanidad. Porque el terrorismo afecta a toda la sociedad de naciones, es la primera amenaza a la estabilidad mundial, es generalizado, ataca a las poblaciones civiles, causa daños irreparables, aplica la limpieza ideológica o de confesión, busca subvertir el orden de los valores democráticos, obedece a un plan continuado de desgaste y aniquilación del contrario y utiliza la vida humana como moneda de cambio. Para cumplir sus macabros planes totalitarios, políticos o religiosos. Las victimas tenemos la obligación y la decencia de hacer política. Pero política de la buena, la que habla de la intolerancia que debemos tener con los asesinos y sus cómplices, de que la ley actúe para eliminar sus redes de apoyo económicas y sociales. Las víctimas defendemos la libertad democrática.”
Porque, como dijo Primo Levi “Si comprender es imposible, recordar es un deber”.