IU dice condenar el ataque sufrido en el atrio de la Basílica de la Macarena, pero justifica el atentado al templo con el peregrino argumento de que “acoge a un asesino”. El general Queipo de Llano está enterrado allí porque era hermano de la Macarena y así lo quisieron sus compañeros de hermandad.
Batasuna, también dice lamentar los asesinatos y atentados de ETA, pero jamás los ha condenado. Quién justifica y ampara a los criminales con su actitud es igual de responsable que los que realizan las acciones violentas. Sean éstas atacar una iglesia, matar a alguien por pensar diferente -como hacen los terroristas secesionistas vascos- o sean agredir a alguien física o verbalmente por ser católico o por llevar una camiseta con los colores de España.
Durante las primeras horas de la mañana del lunes, unos desconocidos realizaron pintadas ofensivas contra la Virgen de la Esperanza, con pintura roja sobre el retablo cerámico que dibujara Antonio Morilla y que desde 1966 ocupa la pared lateral exterior del templo que da a la calle San Luis. Se podía leer: «Queipo de Llano, asesino». Además, los energúmenos lanzaron al atrio de la basílica una bandera constitucional parcialmente quemada con la leyenda: «Muerte al Rey», así como tres globos de colores rojo, amarillo y morado, manchados con tinta roja.
Quemar la bandera de España, amenazar de muerte al Jefe del Estado y manchar con pintura un templo religioso, para los señores de IU será una hombrada, pero es un ejercicio siniestro de totalitarismo de unos descerebrados que utilizan la violencia en nombre de su ideología.
La ideología postmoderna, nihilista, contracultural y anticristiana que inspira a estos señores es la misma de Nietzsche, de Carlos Marx, de Adolf Hitler, de Lenin, de Stalin, de Mao Tse-tung: el odio al ser humano y el odio a la filosofía de la que nació el humanismo, que no es otra que el cristianismo en general y el catolicismo en particular.
Nietzsche decía barbaridades como las siguientes: “Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: el enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones se tiene presidio.
Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será más duro contra los protestantes que contra los católicos, más duro contra los protestantes liberales que contra los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo. El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas. La predicación de la castidad es una incitación pública a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de “impuro” es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.”
En cuanto a Carlos Marx, podemos destacar esta máxima: “La lucha contra la religión, implica, de paso, la lucha contra un mundo del cual la religión es su aroma espiritual.”
En estos días de Los Mártires del S.XX, hemos recordado también la persecución de la Iglesia bajo los Nazis, que soñaban con establecer una religión nacionalista y pagana. Percibían a la Iglesia Católica como un obstáculo. Miles de católicos se mantuvieron firmes a la fe y tuvieron el valor de expresarlo, sufriendo por ello persecución, encarcelamiento y martirio.
El odio nazi por la Iglesia católica ha quedado documentado en el libro «Die Schuld» («La Culpa») que con el subtítulo: «Judíos y cristianos en la opinión de los nazis y en los tiempos presentes» acaba de publicar en Alemania Konrad Löw. Para extirpar el catolicismo de las clases campesinas, Hitler pensaba en revitalizar el paganismo que, según él, se encontraba en el sustrato de las creencias de dichas clases: Todo esto, como sabemos, se cumplió después. Hitler fue derrotado, pero su insidiosa ideología, ¿ha desaparecido realmente? Poco después de asumir el poder, Hitler dijo a Hermann Rauschnig que se proponía arrancar "de raíz" el cristianismo alemán. "Uno es cristiano o alemán. No es posible ser ambas cosas". Creía que el método podía ser "permitir que se pudra como un miembro gangrenado". También decía: "¿Usted cree realmente que las masas volverán a ser cristianas? Tonterías. Nunca más. La historia ha terminado... pero podemos apurar las cosas. Obligaremos a los párrocos a cavar sus propias tumbas. Traicionarán a su Dios por nosotros. Traicionarán lo que sea en beneficio de sus miserables empleítos y sus rentas". (Paul Johnson, “Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, Barcelona 1999).
Doce millones de católicos son perseguidos actualmente en la China comunista, más de dos millones han sido asesinados en Sudán, la persecución no ha cesado en ningún país musulmán desde Marruecos a Indonesia. Ejemplos de la persecución religiosa en China: la detención a comienzos de abril pasado del Obispo de Pekín, Mons. Matías Pei, de 82 años; y del obispo de Hebei, monseñor Shi Enxiang, de 79 años, el cual ha pasado 30 años de su vida en las cárceles comunistas. Asimismo, la detención de jóvenes sacerdotes como el Padre Li Jiambo, de 34 años y el Padre Lu Genjun, de 39 años. La agencia Fides señala que por lo menos 10 obispos fieles al Vaticano están en las cárceles, permanecen secuestrados en lugares desconocidos o están bajo arresto domiciliario. Y añade que la reciente liberación del Obispo de Henan, Mons. Giuseppe Zhang, de 45 años, se debería a "las graves condiciones de salud" en que dicho prelado se encuentra.
De los millones de católicos asesinados a lo largo de todo el mundo por el comunismo en Rusia, China, Angola, Albania, Cuba, o en la propia España no hace falta hablar.
La izquierda y los partidos separatistas en general siguen albergando en su seno estas ideas violentas, el odio al ser humano en sí, el odio a la libertad, el no aceptar al que piensa diferente.
Un mundo sin valores, sin raíces, sin cultura, sin moral, sin ética, sin patria y sin bandera convierte al hombre en esclavo, esclavo del consumismo, esclavo del materialismo, esclavo del populismo político.
La izquierda española y los separatistas se resumen en el odio a cuatro palabras: Dios, Patria, Rey y Ley.
¿Qué valores éticos, morales y culturales ofrece la izquierda? ¿El buenismo vacuo para ganar elecciones soluciona problemas o los crea? El nihilismo y la contracultura postmoderna ¿son capaces de dar solución a algo o por el contrario incrementan los problemas sociales?
No permitamos que el totalitarismo siga creciendo en nuestras calles de Sevilla, ni en las de Pekín, Barcelona o Londres.
El humanismo cristiano, el respeto de las ideas de todos y la fidelidad a nuestra base cultural judeocristiana deben de ser el cimiento de una sociedad más libre y más pacífica. De lo contrario, volveremos a repetir los errores del pasado.