Vino a Sevilla Al Gore en el medio de transporte más contaminante que se pueda imaginar: su jet privado. Dejó unas cuantas decenas de nuevos adeptos a la secta de la supuesta verdad incómoda, para que repartan su doctrina apocalíptica por doquier y se fue con la música a otra parte, los bolsillos llenos y dejándonos la misma carita de “primos” que se le quedaba al gran Pepe Isbert al final de Bienvenido Mr. Marshall. Claro que aquella sátira genial del aislamiento de España en plena dictadura franquista, empieza a parecerse como dos gotas de agua a la chacota internacional en la que ha sumido a nuestro país el gobierno que capitanea Mr. Z, porque quizá este abrazo desmedido de neoconverso verde al americano del calentamiento global, sólo sea un reflejo del desaire continuado del Presidente USA, que dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.
La Junta de Andalucía sigue sin decirnos lo que nos ha costado este sarao. Y a las insistentes preguntas de la prensa, contesta con chistecillos barriobajeros a costa de Rajoy y su primo el catedrático. La verdad incómoda es que Rajoy era Vicepresidente de España cuando Al Gore lo era de los EEUU. Que mientras que Rajoy firmó el Protocolo de Kyoto, Al Gore no lo hizo. La verdad incómoda es que el partido que en España creó un Ministerio de Medio Ambiente, fue el Partido Popular de Rajoy, mientras que el PSOE de la Junta de Andalucía ha incumplido todos y cada uno de los protocolos medioambientales de obligado cumplimiento en Europa y ha sido denunciado reiteradamente por ello. Que produjo por su incompetencia e ilimitada capacidad de corruptelas la mayor catástrofe medioambiental en el Parque de Doñana, y regaló un buen puñado de millones a los responsables del vertido de miles de toneladas de lodo tóxico en las Minas de Aznalcóllar. Y para qué seguir, si al propio Chaves se le olvida la fecha en la que llegó Felipe González al poder, en la celebración del magno evento, a nosotros no nos da la cabeza para recordar el sinnúmero de tropelías y estropicios ecológicos cometidos por una administración sociata en Andalucía que dura casi treinta años vendiéndonos humo y mugre.
Reproducimos aquí este artículo de GEES, aparecido en Libertad Digital, para los que siguen padeciendo la Algoritis: esa enfermedad altamente contagiosa de contaminación mental.
Cambio climático: Y llegó Gorquemada
En estas ha llegado Al Gore, que en España ha hecho las dos cosas que mejor sabe hacer. En primer lugar, subirse al púlpito y adoctrinar a orgullosos, aguerridos e indomables líderes de opinión convertidos para la ocasión en aborregados, solícitos y aduladores monaguillos. En segundo lugar, ha leído la cartilla a los españoles sobre su escepticismo y su falta de fe, y ha tratado de humillar ("me han hablado de ése") al líder de la oposición, Mariano Rajoy, único político que ha puesto algo de sentido común al asunto, enfrentándose al todopoderoso y fracasado político demócrata y a toda su corte de aduladores.
¿Qué decir de la cruzada del aerotransportado y ultracontaminante político americano? Muchas cosas, de las que hoy resaltaremos tres:
1) El calentamiento global es un negocio. Un gran negocio. Empezando con el propio Al Gore, que se está llevando el dinero a manos llenas. En segundo lugar para las Naciones Unidas, que han visto en el asunto un filón atractivo para recuperar el protagonismo perdido. En tercer lugar para muchas organizaciones ecologistas, empezando por Greenpeace, que se han visto catapultadas a las portadas de los periódicos, encabezando esta nueva caza de brujas.
2) La teoría del calentamiento global es un peligro para el medioambiente. Los espectáculos multimedia y hollywoodienses de Al Gore, las millonarias cifras depositadas en el IPCC y en distintas organizaciones, están desviando fondos a proyectos de conservación natural, reales y concretos. Se están malgastando recursos en una hipótesis científica, que aglutina intereses bastardos, en vez de emprender proyectos menos vistosos pero más relevantes. Y eso por no hablar de otros proyectos humanitarios nada "hipotéticos".
3) Lo más preocupante: la teoría del cambio climático es un peligro para la libertad de expresión y la propia ciencia. Sin libertad para criticar y discutir, no existe ni ciencia ni democracia. Los defensores de la hipótesis del cambio climático se están convirtiendo en una inquisición ultra, con Al Gore convertido en un Torquemada mediático y global, que va por el mundo abriendo causas. Bien es cierto que él no se mancha las manos; hay solícitos ecocensores que lo hacen por él. Lo hemos visto en España, donde para celebrar la llegada de Gorquemada han excomulgado a los escépticos, sacado las antorchas y persiguiendo herejes a golpe de ecología.
Estos inquisidores no rebaten las críticas de los escépticos; los descalifican moral y personalmente. Les acusan de cobrar dinero de multinacionales, petroleras y, como no, de Bush. Eluden la discusión, el debate. De las críticas, no saben-no contestan. Y en una muestra de miseria intelectual y moral, llaman "negacionistas" a los escépticos, equiparando el cambio climático con el holocausto, como si criticar una proyección matemática para dentro de cincuenta años fuese idéntico a pasear por los barracones de Treblinka negando las masacres.
Eso sí, la progresía hispana, azuzada por Gorquemada, se ha lanzado a perseguir a los sospechosos habituales, entre los cuales esta vez no se encuentra Aznar, lo que muestra que no están en buena forma. En lo que queda de visita del inquisidor a España, tendrán que reabrir la Causa, porque no es de recibo que parte importante de la derecha se salve de arder en la hoguera del calentamiento global.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.