Este esperpento de la proclamación por los concejales del PSOE -a propuesta de IU, y con la única oposición del PP- de la III República en un pueblo de Málaga, es un síntoma de la fiebre de idiocia que se extiende desde la nadería cerebral de ZP hacia el último rincón. La historia de Humilladero tiene ese punto de heroísmo contra el moro sanguinario que no falta casi en ningún lugar de Andalucía y que ahora nos quieren negar con la campaña mítica y groseramente analfabeta sobre el árabe culto, rodeado de sabios y jardines edénicos, que los cristianos rudos comedores de cerdo vinieron a destripar. Está ligada a la conquista de Antequera y al juramento, humillación, que el Infante D. Fernando efectuó en aquel lugar a Per Afán de Rivera, tras la entrega de la espada de San Fernando. La Cruz de Humilladero no merece semejantes ediles ni su pueblo heroico tales representantes.
De visita en Carmona, Rajoy exigió a Zapatero que desautorizase a sus cuatro ediles. Don Manolón Chaves, a la estampida, acudió a salvar a su jefe de filas y los amenazó con un expediente disciplinario. Y la aventura terminó con la retractación de los sublevados. Pero queda ahí. Y coincidió en el tiempo con la proposición en el Senado del tripartito catalán para que el Jefe del Estado sea ZP, que no es otra cosa lo de que el Jefe de las Fuerzas Armadas sea el del Ejecutivo, relevando al Rey del único papel que la Constitución en vigor le otorga.
Y es que la ofensiva rabiosa de los que no quieren reconocer que dejaron morir al dictador en su cama y se han propuesto ganar la guerra civil del 36 setenta años después, va sembrando de miguitas republicanas todo el país: quema de retratos y puesta en libertad sin fianza de sus autores; escarnios contra la figura del monarca como en las fiestas del Prat de Llobregat; presentación en el Colegio de Periodistas de Cataluña –los genuflexos del régimen secesionista- de un manifiesto titulado: "Nosotros también quemamos la Corona española"; el senador Anasagasti con argumentos cuchufletas sobre al yate “Bribón” y sobre que Urdangarín, el yerno vasco del Rey, no ha bautizado a ninguno de sus hijos con un nombre del santoral sabiniano; el BNG que quiere que la jura de bandera sea voluntaria y se supriman frases como «defender la patria hasta dar la vida por ella», por ser expresiones “casposas” ¡Ay, el espejo, qué falta les hace a todos…!
¿Cómo hemos llegado tan sólo en tres años hasta aquí? La Expaña de ZP se ha caracterizado por el enfrentamiento enconado de los españoles por su color político; por cambiar el vector de la solidaridad interregional por la disputa feroz de privilegios entre autonomías; y el consenso constitucional, que nos duraba treinta años, por la vuelta al feudalismo, a veces ni siquiera medieval sino tribal. Lo de la tribu quedó bien patente en la ONU, cuando ZP se reunía no con las democracias occidentales y los países de nuestro entorno desarrollado, que estaban juntos en otra sala, sino con el representante de Micronesia, que suponemos ataviado con su traje de plumas y con el culo al aire. Como el nuestro.
Entre los veinte países más prósperos del mundo, hay quince monarquías parlamentarias. Es el sistema que los españoles nos hemos dado con un apoyo que dobla la exigua minoría de ZP y multiplica al infinito la de sus socios separatistas. Con él hemos alcanzado los niveles más altos de bienestar, libertad y paz de nuestra historia. Lo sabemos todos. Y, en Sevilla, lo decían anoche con su guasa impertinente: ¡No vaya a ser que vayan por la III República y se encuentren el II Alzamiento!...