¿Qué interés puede tener un país como Rusia en conocer los datos personales de -cuantos más, mejor- los agentes secretos españoles? ¿Por qué se señala que los nombres de los sietes agentes asesinados en Irak figuraban en esa lista? ¿Cuándo, anteriormente, se ha ofrecido una rueda de prensa para comunicar que se ha detectado y detenido a un agente doble? ¿Por qué no se comunicó ni al Parlamento ni a la oposición? ¿Por qué, cuando han pasado más de veinte horas, aún no se ha llamado a consulta al embajador de Putin?. Todo este tema del espía traidor “huele” raro en las cloacas de un Estado que cada vez inspira menos confianza a sus ciudadanos.
Ha habido prisa por informar que dicho agente no formó parte del departamento, entonces de reciente creación, donde se investigan las tramas del terrorismo internacional. La explicación suena a una exculpación sobre su posible relación con los atentados del 11-M, máxime cuando se indica que estuvo trabajando justo hasta dos meses antes de aquellos horribles asesinatos y se le señala como "experto mediador en conflictos" (con misiones desplegadas en el Norte, y la palabra "Norte" no alude a Rusia, eh?).
También, y dentro de la “lógica” socialista, se culpa de la facilidad con que este funcionario pudo consumar su alta traición debido al desastre operativo que reinaba en la “Casa” durante la época de Aznar. Lo que no fue, sin embargo, óbice para que el Gobierno socialista no sólo no castigara por ello al entonces director del CNI, el curioso Jorge Dezcallar, sino que le premió con la embajada española en el Vaticano. Alguien dijo en su momento que a los espías no se les condecora, se les fusila. Hoy en día, con luz y taquígrafos, se les entrega al Juez para que les condene, entre seis y doce años, por delito de alta traición (por cierto, que para que se tipo de delito sea aplicado, es necesario el "daño a los intereses patrios" y sin embargo, oh paradojas, ¡nos aseguran que no ha causado daños a los intereses nacionales!)
Roma no paga traidores aunque, hoy en día, quizás los acoja. Parece ser que ni el apagón de Barcelona ni la viñeta recreadora del principesco revolcón ni los cheques-bebé son suficientes cortinas de humo para tapar algo que se nos antoja superior a nuestro conocimiento del medio. Quedan escasas fechas para el parón vacacional por excelencia y las serpientes de verano cubrirán los informativos hasta el próximo otoño. Otoño caliente donde se prevé que una de las principales estrellas sea el juez Gómez Bermúdez con su esperada sentencia. Raro, raro, raro... que en plena canícula de Santiago sea el propio Gobierno quien ponga en la picota al CNI del aznarismo cuando tanto se ha hablado de la institución en los alrededores de la Casa de Campo.
Historias de espías rusos en Gran Bretaña e historias de espionaje ruso en España. Historias de espionaje en dos naciones que han participado en la invasión de Irak y que han sido castigados por el, supuestamente, terrorismo islamista. Hilos que, tirando de ellos, nos llevan a lugares como Pakistán o Siria y que debilitan la imagen de dos países europeos justo en el momento que Sarkozy yergue su cabeza tras conseguir que Gaddaffi conmute la pena de muerte a las enfermeras y al médico búlgaros. El país que vio nacer a Mortadelo y Filemón debería estar curado de espanto ante estas vicisitudes que nos suceden pero, como diría el inefable papuchi, todo nos sigue pareciendo raro, raro, raro...
Y este país se está volviendo muy peligroso. El verdadero enemigo de todos, el que fuma el humo que ciega nuestros ojos, campa muy arriba.
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