El Parlamento español ha escrito una de las páginas más negras de su historia. Los representantes del pueblo –en hipótesis, queremos decir, porque representan en verdad la partitocracia, a su jefe de filas y punto pelota- votaron que el múltiple asesino De Juana Chaos no termine de cumplir su condena en la cárcel. La estratagema de “las razones humanitarias” quedó desnuda. Los canarios, el PNV, los catalanes, Izquierda Hundida y por supuesto el PSOE al completo, sin un miserable voto de rebelión moral en sus filas, rechazaron la moción del PP para que el Anibal Lester que ejecutó sin el menor arrepentimiento a veinticinco jóvenes en las calles de Madrid siga aireándose bajo el solecito primaveral del Cantábrico.
Desde que en la misma sede parlamentaria se amenazara de muerte –cumplida en plazo breve- al líder de la oposición José Calvo Sotelo, en el tiempo de esa República tan añorada por ZP, no se había visto canallada sin igual en la Cámara. Los políticos ya no pueden caer más bajo. Y perpetraron el descaro de la impunidad ante las familias de las víctimas y algún sobreviviente de los atentados, sin pestañear. Habría que aplicarles el título de aquel libro de un publicista francés: “No le digáis a mi madre que soy político, ella cree que trabajo de pianista en un burdel”…
Y es que, en los corrillos parlamentarios, por si fuera poco, nadie hablaba de ETA, sino que los chascarrillos se circunscribían a la amante de tal o cual, que si le habían pillado escondiéndola en el armario.
Coincide esta burla golfa a la ley de cumplimiento íntegro de las penas, que se aprobó cuando estaba en vigencia el Pacto por las Libertades, con que a la AVT –Asociación de Víctimas del Terrorismo, en la que se agrupan la mayoría de los familiares del etarra bendecido por el hemiciclo- le van a obligar a pagar tres mil euros al abogado de De Juana, como consecuencia de haber perdido el recurso contra la sentencia que de facto lo ponía de patitas en la calle. Por supuesto, él no ha satisfecho ni un euro de las indemnizaciones a sus víctimas, pero se ve que en este mundo al revés, son sus víctimas quienes tienen que pagar el precio de la libertad del victimario.
Y mientras tanto, el Ministro de Justicia nos recomienda fármacos para tragar sapos, al mejor estilo del fascio italiano que le daba aceite de ricino a la oposición y acompañaba a sus víctimas por la calle en jocosa algarabía mientras se defecaban inconteniblemente a la vista de todos.
Ah, pero el día de ayer, quizá uno de los más negros para la justicia y la democracia, quedará en los anales como el día en que el Sevilla ganó la UEFA Cup. ¿Está permitido sentir náuseas?...