Para no despertar a la bicha de los que no votan, y que de hacerlo se inclinarían por opciones muy convenientes para el Sr. Monteseirín, el Partido Popular de Sevilla parece haber apostado por el Bajo Perfil: una campaña que no moleste, sin estridencias, reuniones con los vecinos que de entrada ya les votan y manifestaciones públicas muy sosegaditas. Claro que si nuestro candidato fuera un líder nato o un personaje popularísimo, eso nos parecería una estrategia casi aceptable. Pero con un semi desconocido como es Zoido, el Bajo Perfil es un suicidio. Y la militancia abnegada de este partido, las esperanzas depositadas en él para acabar con las trapacerías y los comportamientos de obscena corrupción y capricho sin cuento, se pueden ver frustradas porque un grupito de asesores pelotas ha decidido que estamos en una ciudad normal de un país normal de Europa. Y mire usted, no. Cuando la campaña electoral arranca con la salvaje agresión de nuestra Nerea y su compañera de filas de Ermua, con una bomba en la sede de Valencia, con los asesinos dispuestos a sentarse en las alcaldías y aún así amenazando con un atentado descomunal. Cuando el gobierno le hace oposición a los demócratas aupando a los criminales a sus pechos. Cuando se sortean pisos de protección oficial en los mítines sociatas en Andalucía, cuando nos cuenta Carlos Dávila –uno de los periodistas más informados y que por ello está en la diana de ETA- que se han pagado quince millones de euros a los etarras para que no atenten. Cuando se están pidiendo observadores internacionales porque la libertad brilla por su ausencia. Cuando vale todo menos las reglas de juego limpias, el Bajo Perfil es la apuesta por la vergüenza. Porque, mire usted, lo que toca ahora es gritar, alto y claro, cuanto más alto y más claro mejor, las verdades de lo que nos está pasando al menos a la mitad de los españoles.
Ayer, en la Plaza Nueva, se concentraron junto a las víctimas unos pocos. Coincidía la AVT con la Feria del Libro y pocos de los visitantes de los stands se molestaron en acercarse a ver qué pasaba en la puerta del Ayuntamiento. Una señora se encaró con la madre del concejal asesinado Alberto Jiménez Becerril. Otra, arrugó muy despacito la pegatina que decía: “ZP no negocies con nuestros muertos” y se la tiró a la cara a una víctima. Los más, rechazaban la hoja explicativa que les tendían argumentando que estaban a favor de la negociación. ¿De verdad está usted a favor de que se sienten en el gobierno de su ciudad los criminales y le digan lo que tiene que hacer a golpe de pistola? El himno de España no sonó. Los técnicos de sonido aseguraron que el cd no funcionaba, aunque en casita sonaba divinamente. Y por allí estuvieron la mayoría de los candidatos, Zoido a la cabeza, del PP. En medio de la hostilidad, del calor sofocante, la gente se le acercaba: “Juan Ignacio, más fuerza, por Dios, que perdemos…” Y él, con su bonhomía habitual, con su serenidad, les contestaba al desaliento con su teoría del Bajo Perfil.
Y es que de seguir así nos van a partir la cara, de frente, de espaldas, y de Perfil.