El barrio de El Cerezo se está convirtiendo a grandes pasos en un gueto en cual de momento conviven personas de 19 nacionalidades y dónde la integración no es todo lo buena que sería deseable.
Según el anuario estadístico municipal del año 2002 a 2003, la población inmigrante aumentó en un 63,44% en sólo un año.
La eclosión de inmigrantes se produjo en 2.002 y ocasiona a día de hoy numerosos problemas de convivencia.
Entre otras cosas los vecinos se quejan de la falta de presencia policial y de que el Ayuntamiento no ha estado a la altura de las circunstancias.
Los educadores y trabajadores sociales que demandan los vecinos no han llegado y en cualquier momento la chispa puede saltar y desencadenar sucesos no deseados porque la convivencia es difícil y los choques continuos.
En "El Cerezo" viven ecuatorianos, peruanos, colombianos, salvadoreños, nicaragüenses, bolivianos, chilenos, brasileños, nigerianos, senegaleses, guineanos, rumanos, eslovacos, estonios, ucranianos, albaneses, armenios, árabes de varias naciones y chinos.
Un problema que enfrenta a las comunidades de vecinos es el gasto de agua, ya que no existen contadores individuales y la deuda tienen que pagarla entre todos los vecinos. Cada dos o tres meses, las torretas se enfrentan a facturas de agua de 3.000 y 4.000 euros y los bloques pequeños no bajan de 1.600 ó 1.800 euros. Esto es debido a que hay gente que acude a los pisos sólo a ducharse a tres euros. La colada en la lavadora va de 5 a 8 euros. Los vecinos del barrio de toda la vida, la mayoría ya jubilados, se quejan de este gasto y del trasiego de gente subiendo y bajando con la bolsas de ropa.
Muchos pisos se alquilan y en ellos viven hasta 40 personas convertidos en auténticos "pisos patera". Al barrio han llegado además las llamadas "camas calientes", las cuales siempre están ocupadas.
Antonio Rodríguez Polo, presidente de la entidad vecinal; Toñi Sánchez, la secretaria, y Eugenio Barco, vocal, denuncian que hay comercios que no tienen las mínimas condiciones higiénicas y venden comida, como por ejemplo el caso del número 50 de la calle Doctor Fedriani.
El propietario de dicho piso tiene alquilada media vivienda y en la zona que se ha quedado para él está la ventana del dormitorio principal por donde vende de todo, incluidos pollos asados, desde las once de la noche a las seis de la mañana. Los vecinos se quejan porque no los deja dormir. También vende bombonas de butano (con el consiguiente riesgo para los vecinos) que tiene almacenadas en un patio.
Ahí estuvieron el juez, Medio Ambiente y la Policía Verde de la Policía Local pero él vuelve a a abrir.
Le pasa igual que al establecimiento "A U Afro Market" de la Playa Torre de la Higuera, esta tienda es de unos nigerianos, Medio Ambiente la precintó pero la abren cuando quieren.
Junto a "Afro Marquet" hay un garaje que, según los vecinos, es un lugar donde practican Vudú; dos veces han tenido que ir los bomberos porque salen ardiendo las velas que colocan. Sus ritos, practicados a cualquier hora del día o de la noche, son escandalosos y no dejan vivir a los vecinos, aunque Medio Ambiente no se ha dado por enterada.
Los vecinos rechazan la acusación de racismo, dicen que sólo quieren una emigración controlada a la que se le exija lo mismo que a los sevillanos: ¿Por qué estos señores hacen lo que les viene en gana y a nosotros se nos exige todo lo exigible? Si un español pone un negocio se le exige licencia de apertura, insonorización, seguro, sanidad, baños para minusválidos y a estos señores no se le exige nada ¿en qué país vivimos? ¿Qué hacen la autoridades? Si tienen licencia de apertura para una peluquería y no tienen agua ni servicio cómo es una peluquería, y cómo venden comida?.
La situación se convirtió en insostenible en mayo de 2006, cuando según reconoce el dirigente vecinal que El Cerezo pudo convertirse más que en Alcorcón en Francia. Los nigerianos amenazaron diciendo que lo que había pasado en Francia podía pasar aquí. Al parecer algunos fieles de la iglesia nigeriana New Life de la plaza Playa de Punta Umbría creyeron que era la asociación la que había denunciado al pastor por poner unos aires acondicionados. Se formó una revuelta porque Toñi Sánchez, la secretaria de la entidad, comenzó a grabar con el móvil y los fieles le quisieron pegar: la Policía no intervino, pero sí le preguntaron los agentes quién era esa persona para grabar con el móvil. A raíz de estos incidentes, la directiva comenzó a reunirse con la asociación Sevilla Acoge y las cosas han mejorado algo.
Los problemas no han desaparecido, sólo han cambiado de sitio, así, las reuniones se hacen ahora en un muro que recorre la calle Doctor Leal Castaño desde la esquina de Doctor Fedriani a San Lázaro, que Gómez Lobo ha prometido derribar y la venta de drogas ha pasado a la zona entre los bloques 15 y 16 de la calle Doctor Fedriani.
La Asociación El Cerezo sigue reclamando educadores y trabajadores sociales, control de Medio Ambiente y más presencia policial, sabemos ya que Alfredo Sánchez Monteseirín ha sido incapaz de resolver éstos problemas, esperemos que el próximo 27 de mayo el alcalde salido de las urnas sepa resolver éste y otros graves problemas que acucian a nuestra Ciudad.