En muchos pueblos no desarrollados subsiste la idea de que el poder se sustenta en el más fuerte. Para estos pueblos el conseguir el poder es algo legítimo, no importando el medio utilizado, porque lo que interesa es el fin.
El que consiga el poder, el jefe, está legitimado para usar haciendas y personas como él crea conveniente. Su poder está por encima de los valores morales, y la justicia que él ejerce es la única válida. El jefe piensa por nosotros y nos cuida o nos castiga según actuemos. El único criterio moral para distinguir lo bueno de lo malo es el que dimane o no del jefe.
Ser obediente con los dictados del jefe es clave fundamental para vivir sin problemas, o incluso para prosperar. Oponerse al jefe significa problemas, e incluso gravísimas consecuencias, por lo que si no estás de acuerdo con aquel lo mejor es callar y no "significarse".
El miedo es humano, siendo un factor que mueve el comportamiento de muchas personas. Miedo a algún pasado reciente en el que hemos presenciado castigar duramente a los que se opusieron al poder. El jefe tiene un poder omnímodo hasta que un buen día es destronado y sobre él recaerán las más graves consecuencias, incluso la muerte. En la naturaleza vemos muchos ejemplos de estos comportamientos de sociedades colectivas como ocurre, por ejemplo, con los leones.
En las sociedades democráticas avanzadas y con historia de libertades, este miedo al poder es pequeño o simplemente no existe. La gente entiende que oponerse al poder es un ejercicio de libertad, porque realmente el poder lo posee el pueblo, quien es soberano para elevar o destronar al jefe, y que este, al dejar el poder, se convierte en un ciudadano de a pie sin sufrir ninguna represalia.
Pasar de una sociedad atrasada a una avanzada no se consigue simplemente cambiando las leyes de dictadura a democracia. Hace falta un cambio en la mentalidad de las personas, de manera que entiendan qué es el poder en democracia. Tener una larga historia de gobiernos déspotas, pasar por una guerra civil sangrienta y luego por una dictadura, afrontar un régimen de libertades, no nos hace demócratas. La democracia se aprende con la tradición y sobre todo con la educación.
En España, con la creación del estado de las autonomías, se transfirieron las políticas de enseñanza y medios de comunicación a las CC.AA. y, como resultado de ello, en cada región los programas docentes se han enfocado a formar al ciudadano en ser obediente con el poder regional de turno. Esta formación se ha implantado no solo en las aulas sino en los medios de comunicación. Los Buenafuente, Sardá, Hache, etc. son nuestros nuevos profesores, que nos indican cómo vestir, cómo comer, cómo pensar, a quiénes votar y a quiénes no. Se han erigido en predicadores de un nuevo concepto de creencias que abomina de las religión cristiana y ensalza la musulmana, la socialista y la nacionalista. Dictan las normas morales y deciden quiénes son los buenos y los malos. En muchas comunidades no podemos cambiar de canal porque no hay alternativa. Porque el monopolio de los medios es una de las premisas para mantener al jefe en el poder
El poder ya no lo consiguen mediante guerras ni golpes de estado, en sentido estricto, sino por medio de la alienación de los medios de difusión y de la docencia. El resultado es que en España, a diferencia de otros países como Francia o Dinamarca, el poder consigue lo que se proponga, dado que aquí la gente votará siempre lo que le mande el jefe. Los lamentables resultados de los referéndum de los estatutos catalán y andaluz, no votados favorablemente por la mayoría de un pueblo indiferente y mansurrón pero si aprobados mediante una ley torticera e injusta, muestran hasta que punto nuestra sociedad está aborregada, es servil y no ha asimilado lo que es realmente la democracia. En España el poder ganará cualquier referéndum que promueva.Y los políticos lo saben.
Con la aprobación del Estatuto Andaluz se consuma la voladura de la Constitución, pedida por los nacionalistas, gracias a la colaboración del papanatismo estilo "Los del Río" y/o la indiferencia de miles de andaluces.Luego no nos quejemos de las consecuencias.
Andalucía, 19 Febrero 2007