Ha caído sobre nosotros algo más que las plagas egipcias que supusieron el principio del fin de la cultura de Tutmosis -cuando una pequeña tribu de esclavos se empeñó en la búsqueda de la libertad a través del desierto y, de paso, cuestionó en su andar el omnímodo poder que los había envilecido-. Y también nosotros hemos empezado a caminar en una rebelión cívica. Apuntemos recortes de la plaga bíblica que nos aqueja: el totalitarismo.
Los gobiernos totalitarios se distinguen de los democráticos en que en las democracias la posición debe controlar al poder; en cambio, los regímenes totalitarios controlan a la oposición desde el poder. ¿No es el PP el malo de todas las películas monclovitas?, ¿y no es casi imposible que los monclovitas respondan a ninguna pregunta del PP, y no digamos ya con la verdad? Son totalitarios todos los “aliados” en la Alianza de Civilizaciones, y todos los “amigos-hermanos” del exterior: Irán, Turquía, Venezuela, Bolivia, Mongolia, Guinea Ecuatorial, Cuba, Marruecos, Autoridad Palestina… ¿Elecciones? La mayoría de los países totalitarios del S.XXI abundan en simulacros de elecciones, votos cautivos y otras peculiares formas de seguir mandando, que no administrando.
Los gobiernos totalitarios se caracterizan por la necesidad imperiosa de “educar” al pueblo, de convertirlo en un ente uniforme acorde con su definición de lo políticamente correcto. Los disidentes son sistemática e indefectiblemente apartados de la vida respetable, o convertidos en no-seres cuando los totalitarismos son extremos. Un ejemplo de no-ser sería José Alcaraz al que desde el poder se le ha pretendido convertir en una alimaña (¿Qué otro animal puede “aprovecharse” de sus seres queridos muertos?), claro que el presidente de la AVT ha cometido el pecado de sacar 6 millones de personas a la calle en otras tantas manifestaciones contra el totalitarismo. En cuanto a educar al pueblo, nos sobran ejemplos de intrusismo en la vida privada: Asignatura E. para la Ciudadanía en primer término, pero también el tabaco, las hamburguesas, los okupas-culturales, las viviendas de 25 metros, la paridad empresarial, y, cómo no, el matrimonio gay, compuesto nada más ni nada menos que ¡para mirarle a los ojos al personal! (Zp, sic) ¿Habrá algo más íntimo en lo que inmiscuirse?... Más: ¡han vuelto al repudio, ahora lo llaman divorcio express, pero es igualito al “ahí te quedas” de las cavernas!.
Los totalitarismos comienzan por subvertir el derecho natural. Ay, de eso tenemos ejemplos buenísimos. Despedazamiento de bebés a término, aborto sin restricciones, concebir materiales humanos para la experimentación.
Y pasan después a inventarse un derecho alternativo: La Ley esa que no es lo mismo que la mujer mate al hombre o a sus niños que que el hombre mate a la mujer. Esa otra Ley preciosa que decide qué Memoria debemos tener y cual no.¿Y el derecho nuevo que dice qué leyes se cumplen y cuales no sin derogarlas? No valen la Ley de Partidos ni la Ley de Calidad de Enseñanza. No vale ni la Constitución y para reventarla inventaron el Estatut de Cataluña.
Los gobiernos totalitarios, además, tienen sus armas para que no se pase nadie de las líneas rojas que ellos mismos trazan. Detenciones ilegales: aquí ya hubo dos por sentencia (los peperos del “Caso Bono”) y otras sin sentencia (los policías que hablaron con El Mundo).
Los totalitarismos necesitan que sólo se les crea a ellos. Atacan a la religión (belenes quemados, cocinar un Cristo en el microondas, persecución de curas no nazis en Euskadi, sacar la cruz de las escuelas, mofarse de la corona de espinas...) y para crear una nueva moral cuentan con los voceros, los propagandistas, aquellos que le sirven la coartada adobadita a los que prefieren mirar a otra parte, que es muy incómodo darse cuenta de que la democracia se acabó. Pero hoy tampoco vamos a hablar de los medios.
Nos queda este medio, internet sí. Para la travesía del desierto, para la rebelión cívica contra la plaga bíblica del totalitarismo.