Sevilla se ha ido convirtiendo con los años en la capital del régimen. Algo así como aquel Madrid franquista, apergaminado, que a ritmo lento enseñoreaba su condición capitalina, aburrido y narcotizado, viendo pasar los movimientos sociales por la periferia pero sin inmiscuirse en ellos ni participar de sus glorias y derrotas. Sevilla es ahora un reflejo agrio de aquello porque su capitalidad es aún más pequeña.
Esta ciudad es un vivero de funcionarios, de gentes que representan el principio de Peter elevado a la enésima potencia, que vive de los presupuestos y aún añora más presupuestos de los que vivir, de la que ha escapado la iniciativa privada, la empresa, el empuje de una juventud a la que que ahuyenta al poco de abandonar sus facultades sin investigación, que no cree en los emprendedores y que dormita autocomplacida mientras a su alrededor crece la desconfianza de los demás andaluces, sus administrados.
Ahora, decían que Sevilla iba a ser la Sede Permanente de la Alianza de las Civilizaciones, pomposo título que no quiere decir en su grandilocuente enunciado absolutamente nada. Nada es la Alianza de las Civilizaciones sino una forma de aparcar con grandes emolumentos a las enfangadas huestes del cesante Secretario General de la Onu: Monsieur Kofi Anann. Ninguno de sus promotores ha sabido poner negro sobre blanco la idea iraní cuyo guante recogió alborozado ZP cuando garabateó unas líneas en el avión que le llevaba a su primera intervención en la Asamblea en la que, francamente, ni antes ni ahora tuvo nada que decir de cosecha propia. Y si la tal Alianza (por cierto que solo se puede “aliar” uno con otros contra alguien: ¿contra quien es la AC?) es la inanidad por definición, o por falta de ella, ¿qué se supone que será la Sede Permanente de la AC? Muy sencillo: más presupuesto para gastar entre los voraces vividores del régimen capitalino sevillano.
El Alcalde Monteseirín ha dejado claro en sus albricias y posterior decepción que ZP, una vez más (¿a quien no?) le ha traicionado o (rebajando el grado) le ha mentido o (rebajándolo más) le ha engañado, o bien, simplemente, no se ha “acordado” de que le prometió que la Sede de la AC sería Sevilla y ahora anda en conseguir las Baleares, y como todavía no hay réditos suficientes con los escándalos de la paja y el ojo ajenos de Mallorca pues hay que poner el caramelo del millón de euros prometidos. Y Sevilla que se aguante, que para eso son los de casa.
Este chasco es una bendición. No queremos ser Sede de nada. En realidad, lo mejor que le podría pasar a Sevilla es que se llevaran cuanto antes la Sede del régimen, la Sede de la Junta de Andalucía, con viento fresco. A lo mejor así, esta ciudad tan bella remontaría, despabilaría su agarrotamiento, dejaría de razonar con el estómago agradecido, nuestros hijos tendrían otro horizonte que el del funcionariado complaciente, y, en definitiva, recuperaría su libertad. La verdadera Alianza con el futuro: la libertad de acción y pensamiento.