Lo confunden todo. El papel de un Primer Ministro con sus creencias personales, si es que tiene alguna al margen de la reconocible ambición por perpetuarse en el poder y convertir nuestra democracia en un sistema totalitario. Esa ignorancia supina (¿o comentario malintencionado?) de confundir un rosario obsequio del Papa con un collar de perlas (Moraleda sic), el ridículo universal de nuestros representantes, transmitido en directo a mil millones de católicos y varios millones más de cristianos de diversas confesiones.
Una pancarta luminosa de la Macarena, de Sevilla, recibía a Benedicto XVI al tiempo que la televisión que pagamos todos, la española, excretaba una semblanza de él con la mala baba habitual: “El Papa que representa la Iglesia más ortodoxa y conservadora, heredero de la Inquisición…” Y, por descontado, ignoraba los gritos de la multitud que había recibido a ZP a los gritos "¡Vete con la ETA, que son tus amigos!, "¡Embustero, Zapatero!", “Yo no te espero, Zapatero”.
Dicen que este auténtico Hombre de Paz trocó en sus discursos esta palabra símbolo del Evangelio, Paz, por la palabra Libertad en más de un centenar de citas diseminadas a lo largo de los seis grandes mensajes que nos ha donado en Valencia. Nunca antes se convirtieron en sinónimos más inalienables. Dicen también que ésa ha sido su respuesta lúcida y llena de amor a las presiones insoportables recibidas de los sociatas para que respaldara con sus palabras la aberración del abrazo a los criminales mal llamada proceso de “paz”.
El acto inexplicable de no acudir a despedir al Papa en el aeropuerto –una miopía de Zp directamente relacionada con la mala educación- se ha sumado a su ausencia de la misa solemne y ha provocado la reacción incluso de sus aliados franceses. Han desmentido que Chirac no acudiera al acto de Juan Pablo II en Lourdes (un despropósito injustificable, lo han denominado), una mentira más, otra perla, con la que Moncloa quiso justificar la actitud del presidente homologándose a un hipotético comportamiento similar de la Francia laica. En su ignorancia y sectarismo olvidan que España no es laica, es aconfesional, que no es lo mismo. Que somos libres, según la Constitución, para profesar cualquier creencia y el Estado está obligado a proteger esa libertad religiosa públicamente. Que no es asunto privado para esconder en casita, como pretenden imponernos.
En su encuentro con Rajoy, el Papa le instó a defender, desde su responsabilidad al frente de la oposición, la familia como fuente de Libertad y al servicio del bien común. Y esas familias le esperaban a la salida “¡Con Rajoy, sí que voy!”…
El Papa nos ha alentado a defender el matrimonio, la dignidad humana, la familia, los hijos, la educación, la “revolución del amor”. Nuestra apuesta para la Resistencia.